La Fortaleza de Mis Sombras

Bajé los párpados como quien cierra una muralla, no por falta de luz, sino por exceso de herida. Me cansé de ser el blanco en medio de la batalla, de ofrecer el cristal de mi paz a una mano suicida.
Mis ojos están ciegos, pero no están vacíos, son ahora un estanque donde el ruido no llega. He cambiado el paisaje por el rumor de mis ríos, y el golpe del mundo contra mi puerta se niega.
Prefiero este exilio de formas y de colores, a ver cómo el tiempo desgarra lo que amo. En esta penumbra ya no florecen dolores, ni escucho la astilla del grito ni el reclamo.
No me busques afuera, donde el sol es un filo; estoy aprendiendo a mirar hacia adentro. En esta ceguera, por fin, duermo tranquilo, siendo yo mi propio refugio y mi centro.
Espero que este poema sirva de espejo y, a la vez, de escudo. Recuerda que no tienes que abrir los ojos antes de tiempo; la oscuridad también es un lugar donde se puede crecer.
Autor: © Santos Rojo Montero
Administrador del grupo SRM.
© Derecho reservado de autor
Publicada: 17/03/2026
Cáceres (España)

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