Temblores del Alma
Mi cuerpo tiembla, y no es frío ni hastío, es la cercanía ardiente de tu ser, la confesión silente de un desafío que el destino nos dicta al atardecer.
Cada fibra despierta con tu tacto,
una electricidad que no comprendo, un pacto que firmamos sin un acto, tan solo con la luz que está ascendiendo.
Y tiemblo, sí, de la dulce agonía
de saberme tan tuyo, tan presente,
venciendo a la sombra, a la noche fría, con la fe en este amor, tan transparente.
Es la dicha que rompe la vasija,
el verso que se anuda en mi garganta, el alma que en tu nombre se cobija, la nota que mi corazón decanta.
Autor: Santos Rojo Montero ©
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