Romance de la Ausencia
Caminando voy por la playa,
con el sol sobre los hombros,
voy buscando entre la espuma
los restos de mis naufragios.
La arena quema en las plantas
como queman los agravios,
y el mar, ese viejo herido,
viene a besarme los pasos.
¡Qué sola se queda el agua
cuando el sol se va ocultando!
Cómo se queda mi alma
cuando te sigo nombrando.
He escrito tu nombre mil veces
donde el flujo va llegando,
para que el mar se lo lleve
y lo guardé en su palacio.
No busco perlas ni conchas,
ni tesoros de otros barcos,
busco el eco de una risa
que el viento me fue robando.
Cada ola es un suspiro,
cada gaviota, un reclamo,
y este sol que me acompaña
es un testigo de cuarzo.
Se me hace largo el camino,
se me hace el mundo muy ancho,
mientras la sal se me pega
como un dolor en los labios.
Soy un poeta que camina
por un desierto de daltos,
escribiendo en el vacío
lo que el corazón ha callado.
Miro hacia atrás y no veo
el rastro de mis cansancios;
la marea es el olvido
que va barriendo mis rastros.
Aunque así se borra la vida,
así se mueren los años,
entre el sol que nos alumbra
y el mar que nos va tragando.
Autor: © Santos Rojo Montero
Administrador fundador del grupo.
© Derecho reservado de autor.
Publicada: 08/01/2026
Cáceres (España)
Comentarios
Publicar un comentario