La Moneda de la Ausencia

Aquel tiempo que ayer llamamos oro, hoy es tan solo un cobre desgastado; se nos fue por la grieta del olvido el tesoro que dimos por sentado.
Ya no valen las horas los abrazos, ni el reloj marca el ritmo de tu aliento; hoy el tiempo es un peso en la memoria, un invierno que habita en el pensamiento.
¡Qué caro me ha salido haberte amado!
Pagué con mis segundos tu distancia, y descubro, con el alma ya vacía, que el tiempo no devuelve la fragancia.
El oro se hizo herrumbre en el silencio, la joya de tu voz se volvió viento,
y ahora entiendo que el tiempo no es riqueza si se gasta en pulir un sufrimiento.
No hay mayor desamparo en el poeta que ver morir el brillo de sus días, contando los minutos que le quedan a solas... con sus tristes poesías.
Autor:© Santos Rojo Montero
Administrador Director de grupo
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Publicada: 13/01/2026
Cáceres (España)

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